Tras 13 años de ausencia, Silvia Gette retoma la rectoría de la Universidad Autónoma del Caribe con un mensaje de unión y la promesa de recuperar el alma de la institución.
Hay regresos que no solo marcan un hecho administrativo, sino que tocan fibras más profundas. El de Silvia Gette a la Universidad Autónoma del Caribe es uno de ellos.
Al cruzar nuevamente las puertas de la institución, su voz dejó ver más que una declaración formal, había emoción contenida, recuerdos acumulados y una sensación de deuda saldada con el tiempo. “Vamos para adelante todos”, dijo, en una frase que sintetiza tanto el peso del pasado como la apuesta por el futuro.
Trece años después, una reivindicación
El camino hasta este momento no ha sido sencillo. Durante más de una década, el nombre de Gette estuvo atravesado por disputas judiciales y controversias que la alejaron del liderazgo de la universidad. Su regreso, respaldado por decisiones judiciales recientes, representa para ella una reivindicación personal y jurídica.
Pero más allá de lo individual, el hecho tiene una dimensión institucional. La Autónoma no ha sido ajena a años de inestabilidad, cambios administrativos y pérdida de confianza. En ese contexto, la vuelta de una figura que marcó una etapa anterior reabre el debate sobre la posibilidad de reconstrucción.
La memoria de los años que sí funcionaron
En sus primeras palabras, Gette no habló en abstracto. Evocó con precisión los años en que, según su visión, la universidad alcanzó uno de sus momentos más sólidos. No como un ejercicio de nostalgia, sino como un horizonte al que se quiere regresar.
Esa evocación conecta con una idea que resuena entre estudiantes y egresados: la universidad como proyecto colectivo. De ahí su insistencia en convocar a todos los sectores —docentes, trabajadores, estudiantes— a asumir una tarea compartida. No se trata solo de administrar, sino de reconstruir sentido de pertenencia.
Escuchar, entender y diagnosticar
En un gesto poco habitual en regresos de este tipo, Gette reconoció que aún no conoce en detalle el estado actual de la institución. Su primera decisión, dijo, será escuchar. Reunirse, entender, diagnosticar.
Ese tono, más cercano que impositivo, puede marcar el inicio de una transición menos traumática. En medio de un proceso de empalme con la administración saliente, el reto será mantener la estabilidad académica mientras se redefine el rumbo institucional.
La confianza está en juego
El verdadero desafío no es simbólico, es concreto, la Universidad Autónoma del Caribe necesita recuperar credibilidad. Y en una institución de educación superior, la confianza no es un concepto abstracto: se traduce en la validez de los títulos, en la tranquilidad de los estudiantes y en la proyección profesional de miles de jóvenes.
Gette lo planteó sin rodeos, si la universidad se levanta, todos ganan; si se debilita, el impacto es colectivo. Esa frase resume la dimensión social del momento que atraviesa la institución.
Un nuevo comienzo en medio de las tensiones
Aunque su situación jurídica sigue teniendo capítulos abiertos, su defensa ha reiterado que no existen impedimentos actuales para ejercer como rectora. Esto le permite iniciar una gestión que, inevitablemente, estará bajo observación pública.
Sin embargo, más allá de las tensiones, el regreso abre una posibilidad. No una certeza, pero sí una oportunidad real de recomponer el rumbo de una universidad que ha sido clave en la formación de generaciones en el Caribe colombiano.
Volver no es solo regresar, es reconstruir
El retorno de Silvia Gette no es simplemente el cierre de un ciclo judicial. Es el inicio de una etapa que pondrá a prueba su capacidad de liderazgo en un escenario más exigente y vigilado.
Si logra traducir la emoción del regreso en estabilidad, diálogo y resultados, su nombre podría dejar de estar asociado únicamente a la controversia para convertirse en parte de una nueva narrativa: la de una institución que, tras años difíciles, encontró la manera de volver a levantarse.

