El presidente estadounidense aseguró que grandes petroleras quieren operar en Venezuela tras la flexibilización de sanciones y los nuevos acuerdos energéticos con Caracas. Analistas advierten que el giro geopolítico reconfigura el mapa energético regional.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este miércoles que en Venezuela la gente está “bailando en las calles” por el dinero que estaría ingresando al país gracias a nuevos negocios petroleros impulsados por compañías estadounidenses.
Durante un evento en la Casa Blanca, Trump afirmó que sostuvo reuniones con directivos de grandes petroleras como ExxonMobil y Chevron, y señaló que existe un creciente interés empresarial por invertir en el sector energético venezolano tras los recientes cambios políticos y regulatorios ocurridos en el país sudamericano.
“Está entrando mucho dinero”, dijo el mandatario republicano al referirse a Caracas y a las nuevas operaciones petroleras que comienzan a concretarse apenas meses después de la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro.
El petróleo vuelve al centro de la relación entre Washington y Caracas
Las declaraciones de Trump reflejan el acelerado acercamiento económico entre Washington y el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, en un contexto de flexibilización parcial de sanciones y apertura de la industria petrolera venezolana al capital extranjero.
En los últimos meses, la administración estadounidense ha autorizado nuevas licencias para operaciones energéticas y financieras vinculadas con Venezuela. Incluso permitió que entidades privadas asesoren a PDVSA en procesos de reestructuración de deuda, una señal interpretada por mercados y analistas como un paso hacia una normalización parcial de relaciones económicas.
La semana pasada, Caracas anunció nuevos acuerdos energéticos con las compañías estadounidenses Overseas Oil Company y Crossover Energy Holding para explotar campos petroleros y gasíferos en los estados de Anzoátegui, Monagas y Barinas.
Según explicó Rodríguez, parte del gas asociado podría utilizarse para fortalecer el sistema eléctrico venezolano, uno de los sectores más golpeados por años de crisis económica, deterioro de infraestructura y sanciones internacionales.
Exxon y Chevron vuelven a mirar a Venezuela
Uno de los movimientos que más atención ha generado es el cambio de postura de algunas grandes petroleras estadounidenses frente a Venezuela.
El pasado 1 de mayo, el director ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, declaró que la empresa evalúa posibles inversiones en el país, luego de que meses atrás considerara que el mercado venezolano seguía siendo “no invertible” debido a la inseguridad jurídica y la inestabilidad política.
Chevron, por su parte, ya amplió parte de sus operaciones y actualmente participa en un porcentaje importante de las exportaciones venezolanas hacia Estados Unidos. Reuters informó recientemente que las exportaciones petroleras de Venezuela alcanzaron en abril su nivel más alto desde 2018, impulsadas por mayores ventas hacia Estados Unidos, India y Europa.
Además, compañías europeas como Eni y Repsol también comenzaron a ampliar operaciones tras la flexibilización de restricciones financieras y energéticas.
Una disputa energética con impacto regional
El renovado interés de Washington por el petróleo venezolano también tiene implicaciones geopolíticas para América Latina.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, concentradas principalmente en la Faja del Orinoco. Sin embargo, años de sanciones, corrupción, crisis institucional y deterioro operativo redujeron drásticamente la producción de PDVSA.
Ahora, el nuevo escenario plantea interrogantes sobre el futuro de la soberanía energética venezolana, el peso de las empresas extranjeras en la reconstrucción del sector y el impacto regional de una eventual recuperación petrolera del país.
La ONU proyecta que Venezuela podría recibir más de 22.000 millones de dólares en ingresos petroleros durante 2026, un aumento superior al 50 % frente al año anterior. Ese repunte económico podría aliviar parcialmente la crisis fiscal venezolana, aunque expertos advierten que la recuperación social dependerá de cómo se distribuyan esos recursos y de la estabilidad política interna.
Debate abierto sobre soberanía y dependencia
Las declaraciones de Trump también reactivaron críticas sobre el papel de Estados Unidos en el control de recursos estratégicos venezolanos.
Diversos analistas internacionales han señalado que el nuevo esquema energético podría aumentar la dependencia de Caracas frente a compañías extranjeras y fortalecer la influencia estadounidense sobre la economía venezolana.
Mientras tanto, Washington insiste en que la apertura petrolera busca estabilizar la economía venezolana, contener flujos migratorios y garantizar seguridad energética para Occidente.
En medio de ese reordenamiento geopolítico, el petróleo vuelve a convertirse en el eje central de la relación entre Estados Unidos y Venezuela, con efectos que podrían sentirse en toda la región latinoamericana.

