
Fausto Pérez Villarreal
Periodista y cronista musical
El fallecido músico de origen puertorriqueño, visto a través de sus canciones.
La música latina perdió el 21 de febrero de 2026 a uno de sus gigantes.
Willie Colón partió en Nueva York dejando un vacío inmenso en la salsa, en la memoria colectiva y en los escenarios que llenó con su trombón, ritmo y estilo. Su partida duele, pero su legado suena más vivo que nunca, como un pulso que seguirá marcando la historia de la música.
Decir que Willie Colón fue un ícono de la salsa suena a lugar común; incluso resulta pueril. Colón no solo ejecutó con maestría el trombón: fue un líder que logró lo que muy pocos de sus colegas consiguieron. Impuso éxitos con todos los cantantes que acompañó y, además, se atrevió a cantar. No tenía una voz potente, pero dominaba el arte del soneo, desplegaba un estilo inconfundible y conquistó al público a la par de los intérpretes más notables.
En la historia de la salsa brillaron directores que no cantaron: Machito, Rafael Cortijo, Tito Puente, Joe Cuba, Johnny Pacheco, Ricardo Ray, Ray Barreto, Eddy Zervigon, Nelson González, Larry Harlow, Ernie Agosto… Todos dejaron huella, pero sus voces permanecieron calladas. Colón, en cambio, ejecutó, compuso y cantó, imponiendo su sello personal en cada producción y alcanzando un estatus singular.
“Héctor Lavoe me obligó a ser cantante. En muchos conciertos, en Nueva York, llegaba tarde; entonces, para calmar a la gente que exigía su presencia, me tocaba iniciar con José Mangual. Los expertos y el público decíanque no lo hacía mal, y así me lancé como solista”, me dijo Willie Colón en junio de 2013, vía telefónica, durante la investigación para la serie periodística Héctor Lavoe, más vivo que nunca, que escribimos a seis manos con Roberto Llanos y Jimmy Cuadros en el diario popular Al Día. Fue el propio Colón quien sugirió enviar la serie a un premio de periodismo sobre Puerto Rico en Madrid, donde obtendríamos el primero de dos accésits.
Willie había realizado algunos trabajos musicales sin resonancia antes de irrumpir en la escena, en 1967, con El malo, para el sello Fania, junto a Héctor Lavoe. Allí comenzó a dejar un caudal de éxitos imborrables: ‘Cheche colé’, ‘No me llores más’, ‘Juana Peña’, ‘Gahna e’, ‘Sigue feliz’, ‘¡Ah-ah, o no!’, ‘Timbalero’, ‘Aguinale’, ‘Calle luna, calle sol’, ‘Todo tiene su final’, ‘Señora Lola’, ‘El día de suerte’ y, por supuesto, los clásicos navideños ‘Canto a Borinquen’, ‘Aires de Navidad’, ‘La murga’, ‘Esta Navidad’, ‘Pescao’, ‘Pa’ los pueblos’, ‘Arbolito’, ‘La banda’ y ‘Doña Santos’. Más tarde, con Lavoe, ampliarían el repertorio con ‘Juanito Alimaña’ y ‘Triste y vacía’.
Su legado incluye colaboraciones inolvidables: con Celia Cruz produjo ‘Usted abusó’, ‘Tú y las nubes’ y ‘Zambúllete’; con Ismael Miranda, ‘No me digan que es muy tarde’; con Mon Rivera, ‘Se te quemó la casa’; y con Rubén Blades, Siembra, el disco más vendido en la historia de la salsa, que incluyó ‘Pedro Navaja’, ‘Plástico’, ‘Dime’, ‘María Lionza’ y ‘Ojos’, con arreglos de Luis ‘Perico’ Ortiz, además de los álbumes Metiendo mano, con ‘Plantación adentro’, ‘La mora’, y Canciones del solar de los aburridos, que incluyó ‘Tiburón’, ‘Ligia Elena’, ‘Te están buscando’, ‘El telefonito’ y ‘¿De qué?’.
Como solista, Colón causó furor con ‘Sin poderte hablar’, ‘Oh, qué será’, ‘Amor verdadero’, ‘Gitana’, ‘Simón, el gran varón’ y ‘Talento en televisión’. Impuso duetos memorables: ‘Idilio’, con Ángel ‘Cuco’ Peña, y ‘Los olores del amor’, con Amílcar Boscan. Cada interpretación, cada trombón, cada soneo era una extensión de su carácter y de su visión artística.
William Anthony Colón Román, nombre de pila de Willie Colón, nació el 28 de abril de 1950 en El Bronx, Nueva York. Sus padres, William Colón Caraballo y Aracelis Román Pintor, eran de ascendencia puertorriqueña. Desde muy pequeño, la música llenó su hogar gracias a su abuela materna, Antonia Pintor Miranda, ‘Doña Toña’, quien lo introdujo a la lengua española y lo nutrió de canciones tradicionales puertorriqueñas y ritmos latinoamericanos como el son cubano y el tango.
“En casa ‘Doña Toña’ nunca me habló en inglés. Lo hacía en español y yo le respondía en inglés”, recordó Willie en un diálogo que sostuvimos en el hotel Dann Carlton de Barranquilla, durante el Carnaval de 2011.
Desde niño, sintió atracción por la música: escuchaba The Beatles, Ramito, Rolando La Serie y el Combo de Cortijo. A los once años comenzó a experimentar con instrumentos de viento: clarinete, trompeta y finalmente trombón, su sello distintivo. Inspirado por Mon Rivera y la fuerza de la bomba y la plena, encontró en el trombón no solo un instrumento, sino una voz capaz de contar historias.
Willie Colón fue también cronista de su tiempo. Observó desde temprano la vida de la comunidad latina en Nueva York, sus desafíos, prejuicios y marginalidad. Su obra se convirtió en testimonio social; narró la lucha de los inmigrantes y la complejidad de la vida urbana. Su discografía marcó un hito: homogeneizó el sonido salsero en Nueva York, otorgando coherencia a un fenómeno que se gestaba desde hacía años.
Aunque fue señalado de estridente, destemplado y poco experimentado, Colón supo convertir las críticas en arte. Se autodenominó ‘El Malo’ y, junto a Héctor Lavoe, transformó ese apodo en una sátira sobre la mafia, visible en las portadas de sus discos, que evocaban personajes del bajo mundo perseguidos por la justicia.
Su unión con Lavoe se dio más por la visión de Johnny Pacheco que por casualidad. Héctor llegó a un club nocturno de Nueva York para presentar su proyecto y Pacheco le mostró a un joven llamado Willie Colón, un muchachito con talento y visión. Héctor escuchó la orquesta y no quedó del todo convencido, pero Pacheco lo tranquilizó: esa era la formación correcta, la pareja ideal para marcar una nueva etapa en la salsa.
“Héctor era tan franco y jodón que no dudó en decirle a Willie que su banda sonaba ‘flojonga’. Para Willie, aquel comentario fue un golpe directo al orgullo; un batatazo que se duplicó, porque además de herir su ego, necesitaba contar con Héctor para iniciar su ciclo en Fania Records. Tuve que intervenir: ‘Coño, o es con Willie o no hay grabación’. Así se limaron las asperezas y se disiparon las dudas’”, me contó Johnny Pacheco, en febrero de 2009, en el hotel de El Prado, antes de su presentación en el Carnaval Internacional de las Artes, donde esa noche sostendría un diálogo con su coterráneo Luis Kalaff, con la moderación del escritor Adlai Stevenson Samper.
Durante su carrera, Willie visitó varias veces Barranquilla. Curiosamente, en su quinto LP con Lavoe, ‘La gran fuga’ (1971), interpretaron ‘Pa’ Colombia’, de Tite Curet Alonso, tema en el que mencionan ciudades que no habían visitado:
Barranquilla, Cartagena, Medellín y Bogotá (Bis)
y la linda Cali que no se queda atrás
son las cinco novias que yo tengo en Colombia…
Willie Colón observó la vida de la comunidad latina en Nueva York, sus desafíos, prejuicios y marginalidad. Su obra se convirtió en testimonio social; narró la lucha de los inmigrantes y la complejidad de la vida urbana. Su discografía homogeneizó el sonido salsero en Nueva York.
Un legado sin pausa
Willie Colón fue mucho más que trombón y voz; fue un creador que rompió barreras. Impuso estilo, conquistó escenarios y sedujo a la audiencia como pocos. Se lanzó como cantante, arriesgó su carrera y ganó un espacio al lado de los grandes intérpretes. La combinación de su trombón, la precisión de sus arreglos y su liderazgo lo convirtieron en referente de la música latina, un puente entre la tradición y la innovación.
A lo largo de su carrera Willie compartió escenarios y grabaciones con músicos de la talla de los trombonistas Joe Santiago, Eric Mattos y Willie Campbell; los pianistas Dwight Brewster, Markolino Diamond y José ‘Profesor’ Torres; los cuatristas Yomo Toro y Roberto García; y percusionistas como Nicky Marrero, Mario Galagarza, Pablo Rosario, Louie Romero, Gene Golden, Milton Cardona y José Mangual Jr. En el bajo, contó con el soporte de Eddie ‘Guagua’ Rivera, Santiago Ortega y Santi González.
Además, Colón fue pieza central en las Fania All Stars, el supergrupo itinerante del sello Fania Records que, durante los años 70 y 80, reunió a los artistas más destacados de la salsa para espectáculos que se convirtieron en verdaderos hitos de la música latina.
Fue célebre su intensa dupla con Rubén Blades y la ruptura irreconciliable, que Blades calificó como ‘triste’. Cada canción de Colón, cada disco, contaba historias de esfuerzo, barrio e identidad. Su música narró amores y desamores, alegrías y desventuras, orgullo y pertenencia. Con Héctor Lavoe construyó un catálogo vigente; con otros artistas, duetos inolvidables; y en solitario consolidó una voz y u. estilo que marcaron generaciones.
El trombón de Colón no solo sonaba, contaba. La cadencia de sus ritmos, la suavidad de sus soneos y la fuerza de sus arreglos reflejaron una vida dedicada a la creación y al compromiso con su comunidad. Cada escenario que pisó y cada público que conquistó fueron testigos de la singularidad de un hombre que transformó la salsa en mucho más que baile: en narrativa, memoria e identidad.
Las 0canciones en las que participó, como músico y cantante, siguen sonando: ‘Simón, el gran varón’ resuena en fiestas y radios; ‘Pedro Navaja’ sigue estremeciendo con su crónica social; ‘Gitana’ mantiene viva la pasión de sus interpretaciones. Willie Colón no dejó solo música: legó estilo, visión y un camino para quienes vinieron después.
Sobre su partida física aún quedan preguntas: ¿cuál fue la causa real de su deceso? Quizás con el tiempo se conocerán los detalles, solo los familiares más cercanos y los médicos que lo atendieron lo saben con certeza. Lo que sí es indiscutible es que desde el 21 de febrero de este 2025, Willie, ‘El Malote’, descansa en paz en 3 panteón de los músicos salseros.
Fausto Pérez Villarreal
Barranquilla (1965). Comunicador Social-Periodista, profesor de la Universidad Sergio Arboleda sedes Barranquilla y Santa Marta. Dos veces ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. En 2014 fue finalista del Premio Internacional de Puerto Rico, entregado en Madrid.





