Huertas comunitarias, producción artesanal wayúu y cría de caprinos hacen parte de las iniciativas impulsadas por el ICBF para enfrentar la desnutrición y mejorar los ingresos en uno de los departamentos con mayores niveles de pobreza en Colombia.
Más de mil familias en La Guajira participan actualmente en proyectos productivos impulsados por el Gobierno nacional a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).
Las iniciativas forman parte del Servicio Integrado de Atención y Prevención de la Desnutrición (SIAPD), una estrategia orientada a fortalecer la seguridad alimentaria, generar ingresos y desarrollar capacidades productivas en comunidades vulnerables del departamento.
Entre las acciones implementadas se encuentran huertas caseras y comunitarias, producción de artesanías tradicionales wayúu y proyectos de cría de caprinos. Las actividades se desarrollan en municipios como Maicao, Albania, Barrancas, Hatonuevo, Fonseca, San Juan del Cesar, Dibulla, Villanueva y La Jagua del Pilar, así como en Manaure, Riohacha y Uribia.
El programa busca mejorar las condiciones de vida de familias rurales e indígenas en una región que enfrenta desde hace años graves problemas de pobreza, desnutrición y acceso limitado a alimentos.
Una crisis social persistente en La Guajira
La implementación de estos proyectos ocurre en medio de una crisis social que ha marcado al departamento durante décadas.
La Guajira registra algunos de los indicadores más críticos de pobreza en el país. La situación afecta especialmente a las comunidades indígenas wayúu que habitan gran parte del territorio.
Durante los últimos años se han documentado numerosos casos de desnutrición infantil asociados a la escasez de agua potable, las dificultades de acceso a alimentos y la precariedad de la infraestructura social.
En 2017 la Corte Constitucional declaró un estado de vulneración masiva de derechos fundamentales de los niños wayúu y ordenó al Estado adoptar medidas urgentes para garantizar acceso a agua, alimentación y servicios de salud.
A pesar de diferentes programas implementados por sucesivos gobiernos, las condiciones estructurales del departamento siguen siendo complejas, especialmente en zonas rurales y en la Alta Guajira.
Huertas, artesanías y caprinos como estrategias productiva
Dentro del programa se han puesto en marcha varias iniciativas productivas orientadas a fortalecer la economía familiar y el acceso a alimentos.
Las huertas caseras y comunitarias benefician a más de 270 familias en distintos municipios del sur y centro del departamento. A través de estos espacios se promueve la producción local de alimentos para el autoconsumo y se fortalecen prácticas agrícolas adaptadas al territorio.
El programa también apoya unidades productivas de artesanías tradicionales wayúu. Alrededor de 454 familias participan en estas iniciativas en Manaure, Riohacha y Uribia. La elaboración de mochilas y otros tejidos representa una fuente importante de ingresos para muchas mujeres indígenas y al mismo tiempo permite preservar saberes culturales ancestrales.
Otra línea de trabajo se desarrolla en el municipio de Uribia mediante proyectos de cría y comercialización de caprinos, una actividad tradicional en zonas áridas del departamento. En esta etapa inicial participan 25 familias.
Además, el ICBF avanza en la implementación de un nuevo proyecto de artesanías en la Alta Guajira que podría beneficiar a cerca de 300 familias adicionales.
Las iniciativas se ejecutan con el apoyo de entidades operadoras regionales, entre ellas hospitales públicos, organizaciones indígenas y entidades del sistema de salud local.
Impacto social en comunidades rurales e indígenas
Desde una perspectiva social, los proyectos buscan fortalecer la soberanía alimentaria de las comunidades. Esto significa mejorar la capacidad de las familias para producir parte de sus propios alimentos y reducir la dependencia de mercados externos.
En territorios con dificultades de transporte y acceso a productos básicos, el autoconsumo puede contribuir a mejorar la nutrición familiar y reducir gastos en alimentos.
En el caso de las artesanías, el programa también busca fortalecer el liderazgo económico de las mujeres wayúu y mantener vivas prácticas culturales transmitidas durante generaciones.
Para muchas comunidades rurales, este tipo de iniciativas representa una oportunidad para generar ingresos complementarios sin abandonar sus formas tradicionales de vida.
Análisis económico del programa
Desde el punto de vista económico, los proyectos productivos pueden contribuir a dinamizar economías locales que dependen en gran medida de actividades informales.
Las huertas familiares reducen el gasto en alimentos y permiten vender excedentes en mercados locales. La producción artesanal, por su parte, tiene potencial comercial tanto en el turismo como en mercados nacionales e internacionales.
La cría de caprinos también ofrece una alternativa adaptada al clima seco de la región, ya que estos animales requieren menos agua que otros sistemas ganaderos.
Sin embargo, varios analistas señalan que el alcance de estos proyectos sigue siendo limitado frente a los problemas estructurales del departamento. La Guajira enfrenta desafíos más amplios relacionados con infraestructura, acceso al agua, empleo y desarrollo rural.
Por esta razón, expertos en desarrollo regional consideran que las iniciativas productivas deben complementarse con inversiones públicas más amplias en servicios básicos, transporte y acceso a mercados.
Un desafío estructural para el Estado
La situación social de La Guajira ha sido durante años objeto de debate político en Colombia. Distintos gobiernos han implementado programas de asistencia alimentaria, transferencias monetarias y planes de desarrollo regional.
El enfoque actual combina atención nutricional con proyectos productivos que buscan fortalecer la autonomía económica de las comunidades.
No obstante, organizaciones sociales y académicos advierten que la región sigue enfrentando una deuda histórica del Estado relacionada con el abandono institucional y la desigualdad territorial.
Conclusión
Los proyectos productivos impulsados por el ICBF representan un intento por mejorar la seguridad alimentaria y generar oportunidades económicas en La Guajira.
Aunque estas iniciativas pueden beneficiar a cientos de familias y fortalecer prácticas productivas locales, el desafío sigue siendo construir soluciones sostenibles frente a una crisis social que tiene raíces profundas en la desigualdad territorial y el acceso limitado a recursos básicos.





