Una decisión judicial la habilita para volver, pero deja abiertas preguntas sobre memoria institucional y reconstrucción académica
Silvia Gette vuelve al centro del escenario. Tras un fallo de primera instancia que restablece sus derechos, la exrectora de la Universidad Autónoma del Caribe anunció su intención de retomar el cargo y “levantar” la institución.
Su mensaje, difundido en video, no deja dudas sobre su posición. Sostiene que nunca perdió la rectoría y que la justicia terminó reconociéndola como víctima dentro del proceso que la apartó del poder.
Pero el retorno no ocurre en un terreno neutral. Llega en medio de una historia marcada por escándalos, disputas internas y decisiones judiciales que durante años pusieron a la universidad en el centro de la crisis educativa en la región Caribe.
Una historia judicial que no se borra fácilmente
El caso de Gette no es nuevo en la opinión pública. En 2019 fue condenada por abuso de confianza tras el traslado de recursos de la universidad a cuentas personales en el exterior, una decisión que luego fue ratificada por la Corte Suprema en 2022.
El fallo reciente no niega ese pasado. Lo que establece es otra cosa. Que la pena ya fue cumplida y que, en consecuencia, el Estado no puede impedirle ejercer cargos. Además, el juez introduce un elemento clave al considerarla víctima dentro de irregularidades detectadas en el proceso que llevó a su reemplazo.
Esa combinación de decisiones explica el momento actual. No hay una absolución plena, pero sí una restitución de derechos que cambia el escenario institucional.
Entre la legalidad y la legitimidad
Aquí aparece una tensión difícil de resolver.
Desde el punto de vista jurídico, el argumento es claro. La resocialización hace parte del sistema penal y una persona que cumple su condena no puede quedar excluida de manera permanente. Esa es una garantía básica del Estado de derecho.
Sin embargo, la discusión pública no se mueve solo en ese plano. También está en juego la legitimidad. La pregunta no es únicamente si puede volver, sino si debe hacerlo en una institución que aún arrastra las consecuencias de años de inestabilidad.
En Colombia, los casos de corrupción o mala gestión en universidades han dejado huellas profundas. Informes de organismos como el Ministerio de Educación han advertido en repetidas ocasiones sobre problemas de gobernanza, manejo financiero y calidad académica en instituciones intervenidas o vigiladas.
La Autónoma del Caribe fue una de ellas.
Una universidad que sigue en reconstrucción
El anuncio de Gette se apoya en una idea de recuperación. Habla de volver a una etapa anterior, de reconstruir lo que alguna vez funcionó.
Pero la realidad institucional es más compleja. La universidad ha atravesado años de crisis administrativa, pérdida de confianza y dificultades para sostener estándares de calidad.
Recuperar una institución en ese estado no depende únicamente de quién la dirija. Implica reconstruir relaciones internas, garantizar estabilidad financiera y, sobre todo, recuperar credibilidad ante estudiantes, docentes y entes de control.
Ese es un proceso largo y frágil, donde cualquier decisión puede profundizar divisiones o abrir caminos de reconciliación.
El precedente que queda sobre la mesa
Más allá del caso individual, la decisión judicial deja preguntas de fondo.
Qué ocurre cuando el derecho a la resocialización se cruza con la dirección de instituciones educativas. Cómo se equilibra la garantía de derechos individuales con la necesidad de confianza pública en espacios formativos.
Y, sobre todo, qué mecanismos existen para evitar que las universidades vuelvan a escenarios de crisis como los vividos en la última década.
Un regreso que obliga a mirar más allá de la persona
El retorno de Silvia Gette no es solo una noticia judicial ni un episodio administrativo. Es un reflejo de tensiones más amplias en el sistema educativo colombiano.
Por un lado, un Estado que reafirma principios jurídicos básicos. Por otro, una sociedad que sigue preguntándose cómo se protege la integridad de sus instituciones.
En medio de ese cruce, la Universidad Autónoma del Caribe vuelve a ser escenario de una discusión que aún no se cierra. No solo sobre quién la dirige, sino sobre qué significa realmente reconstruir una universidad después de una crisis prolongada.





